(SANTIAGO-CHILE).- El vicepresidente del
Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, afirmó que es
tiempo de indios, de pueblo, sectores populares y unidad latinoamericana
para marcar la historia del siglo XXI y constatar que sí es posible
otro modelo económico, de país y sociedad; esto en la charla magistral
que brindó, esta noche, en la Universidad de Chile, en la presentación
de su libro “Comunidad, socialismo y Estado plurinacional”, editado y
publicado por el colectivo chileno El desconcierto.
“Bolivia, como el país más pobre y maltratado, ha despertado y ya no
vamos a cerrar los ojos, porque ahora es tiempo de indios, de pueblo y
de sectores populares. Estamos haciendo nuestro proceso revolucionario y
necesitamos del pueblo chileno, de los demás países y del mundo”,
enfatizó García Linera.
La autoridad boliviana señaló que el siglo XXI está marcado por una
múltiple polaridad de Estados continentales, “si en verdad queremos que
la historia tenga la marca de América Latina y no que América Latina
esté marcada por la historia decidida por otros, la integración entre
nuestros países es imprescindible”, aseveró.
Bolivia construye un tipo de modernidad exitosa y muestra su modelo
de desarrollo, cuyos resultados demuestran que otra economía, que no sea
la neoliberal, puede ser exitosa.
“Una economía que combina: mando estatal, presencia de inversión
privada y extrajera; presencia de economía campesina y comunitaria;
valor de uso en vez de valor de cambio en la distribución de la riqueza
común; ampliación de los bienes comunes para distribuir entre la gente, y
potenciamiento de la economía plural; es sostenible, es viable y es
mucho más baneficiosa”, complementó.
García Linera explicó que en Bolivia, en los últimos diez años, se
lleva adelante una profunda transformación revolucionaria de sus
condiciones económicas, institucionales y espirituales. “No exagero en
decir que es la transformación revolucionaria más profunda de los
últimos 190 años”, aseguró.
La autoridad nacional mencionó que el año 2005 se condensaron “tres
fallas geológicas de la conformación de la sociedad boliviana”, ya que
convergieron el colonialismo, el regionalismo y el neoliberalismo, que
negaban la existencia de la mayoría de la población indígena del país,
lo que abrió un espacio de “disponibilidad colectiva”, es decir, “de
predisposición social a revocar las creencias y modificar el sentido
común, o sea, los preceptos morales y los lógicos con los cuales se
explican el mundo”.
“La sociedad, descontenta y frustrada, comenzó a encontrar un lugar y
escenario para la constitución de un proceso de articulación y
unificación que les permitió unir fuerzas y lograr pequeñas victorias”
en torno a temas específicos, como el agua, la tierra y servicios
básicos, explicó.
Asimismo, señaló que los tres componentes del proceso de articulación
son: la formación de un sujeto histórico, en base a la construcción de
una identidad y traducido en el movimiento indígena y barrial; la
capacidad de movilización local, regional y nacional, demostrada en
marchas, asambleas, bloqueo de caminos, toma de instituciones y demás,
“es la multitud con capacidad de presión y fuerza política”, dijo; y la
construcción de un nuevo sentido común, lo que equivale a un cambio de
creencias: gobierno indígena, nacionalización de los recursos naturales y
la constituyente.
“Son tres consignas de ideas fuerza que generaron un principio de
esperanza, porque la gente no se mueve solo porque es pobre, sino,
cuando cree que hay un destino posible, distinto al que vive” y que es
posible otra realidad, agregó.
Entonces, se dio la confrontación de dos horizontes de Estado, el
antiguo y conservador, y ese nuevo emergente que convivieron durante
unos años, hasta que se impuso el segundo con previas “victorias
ideológicas, ascensos culturales y la construcción de una sentido común
de la vida”, añadió, aunque no fue suficiente, ya que “toda revolución
verdadera, inevitablemente, tiene un momento de confrontación física,
una guerra de posiciones, de movimientos y nuevamente de posiciones”,
acotó.
Luego, se debió irradiar la hegemonía con la incorporación del
adversario derrotado y desorganizado ideológica y políticamente en el
proyecto hegemónico.
García Linera comentó que pese a que el presidente Evo Morales había
ganado las elecciones con el 54 %, las fuerzas de la oposición le
hicieron un revocatorio, pero perdieron; luego, convocaron a referendos
regionales para imponer un tipo de federalismo al margen del parlamento y
las leyes; al fracasar este movimiento, intentaron llevar adelante un
golpe de Estado cívico con el fin de generar un bloque regional que
luego convocaría la presencia de los cascos azules, pero también fracasó
y, finalmente, se dio un intento de asesinato al presidente, que se
frustró.
“Todo esto sucedió en seis meses, pero fue la movilización social la
que derrotó esos intentos golpistas y se dio la estabilización y la
irradiación hegemónica del nuevo bloque de poder”, que se refleja en el
apoyo que le da la gente al proyecto de país, de Estado, de economía y
de sociedad, señaló.
En 2009, se obtuvo la primera Constitución Política del Estado hecha
por los movimientos sociales y aprobada en un referéndum, y “desde 2010
estamos en la construcción del Estado plurinacional” cuyas
características son: un nuevo sistema político, que combina
gobernabilidad parlamentaria con gobernabilidad social; la indianización
del Estado, es decir, la incorporación física, simbólica y organizativa
de las prácticas y de la participación indígena; la economía plural
para potenciar el desarrollo autónomo al interior de lo comunitario, de
lo campesino, de la economía urbana y de la
economía-industriosa-mercantil-capitalista.
Y la cuarta características del Estado plurinacional es la
construcción democrática del socialismo, entendido como un “periodo de
transición entre una sociedad capitalista dominante, pero decadente, y
la emergencia intersticial de formas comunitarias de vida, de producción
de riqueza. Es un desborde de la participación de la sociedad en la
toma de decisiones”, complementó.
El resultado es una modernización exitosa de la sociedad boliviana,
el crecimiento económico, aún en crisis económica mundial, baja de la
extrema pobreza, incremento de la clase social media, aumento de las
exportaciones, multiplicación de la inversión pública, del Producto
Interno Bruto, de la inversión privada y extranjera, diversificación de
la economía y demás resultados positivos.
“Nos hemos propuesto exportar, hasta 2025, materias primas con valor
agregado, que toda la población boliviana cuente con los servicios
básicos y acceda, de manera gratuita, a salud y educación” y continuar
con la distribución justa de la riqueza, añadió.
“La indianización es una experiencia novedosa que resuelve de manera
satisfactoria la presencia de los pueblos indígenas, como la
incorporación de la indianitud en la construcción de la identidad
estatal de los bolivianos” y la economía plural es una “pluralidad de
desarrollo y de modernidad. Es una apuesta nueva”, agregó.
Asimismo, mencionó tres retos para un proceso revolucionario: la
relación Estado-sociedad, el primero es monopolio y el segundo
democratización de decisiones, se debe encontrar el equilibrio entre
ambos para lograr un Estado de movimientos sociales, en el que la toma
de decisiones más importantes se la hace en base a la participación;
luego, está la construcción de hegemonía mediante la expansión del
núcleo base hacia el resto, por lo que debe también haber un equilibrio;
y la contradicción desarrollo-Madre Tierra.
En este último reto, Bolivia ha decidido utilizar temporalmente el
extractivismo y la transformación de la naturaleza para crear las
condiciones que satisfagan un mínimo básico de necesidades de la
población y mejorar su calidad de vida, pero con respeto a la Madre
Tierra, para luego pasar a la economía del conocimiento, “que permita
superar el extractivismo y cuidar a la Madre Tierra”, enfatizó.
La autoridad nacional explicó que este es el escenario en el que se
basa la mayor parte del contenido de su libro compilado y editado por El
desconcierto. Asimismo, indicó que los textos fueron escritos en los
últimos cinco años.
“Son textos reflexivos en torno a la experiencia boliviana y que
combinan reflexión teórica e intelectual con compromiso político”,
aseveró.
Fuente: Prensa Vicepresidencia