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martes, 21 de enero de 2020

A LA POLICÍA LE HICIERON EL CUENTO DEL TÍO Y MURILLO LLAMA TONTOS ÚTILES A LA RESISTENCIA



A LA POLICÍA LE HICIERON EL CUENTO DEL TÍO

Engañados por los golpistas que “no les cumplieron”, repudiados por la población que los insulta y abuchea, la policía atraviesa el peor momento de su historia.

Mientras los comandantes nacionales y jefes departamentales, se repartieron un botín de un millón de dólares, los policías de bajo rango reciben atención psicológica debido a la presión social a la que están expuestos por el repudio de la población, por haber apoyado el golpe.



Como una quinceañera que de pronto se ha quedado sin pretendientes, la policía nacional en un abrir y cerrar de ojos, de tenerlo todo se quedó sin nada. Ha perdido la soga y el cabrito en esta historia, donde los uniformados verde olivo, entregaron mucho más de lo que les pedían los golpistas.

Sumado a la crisis de legitimidad que atraviesan, cargan con el antecedente de ser la institución más corrupta del país.

En un informe publicado el 2014, la Policía Boliviana ocupa el primer lugar entre las instituciones más corruptas del continente. (https://www.paginasiete.bo/sociedad/2014/11/26/policia-lider-regional-entre-entidades-peor-imagen-39377.html).

De extracción popular e indígena, protestan con el rostro cubierto, pues temen ser reconocidos y enfrentar el rechazo de amigos, familiares y vecinos.

Queriendo esconder su procedencia, se arrancaron del uniforme la bandera (wiphala) que representa a las naciones y pueblos indígenas.

Pero la bandera terca, les flamea en la piel.

Fuente: https://www.primeralinea.info/a-la-policia-le-hicieron-el-cuento-del-tio/

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MURILLO LLAMA "TONTOS ÚTILES" IMPLÍCITAMENTE A LA RESISTENCIA COCHALA 


Murillo instruye a la Policía frenar acciones de Resistencia


El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, afirmó que instruyó al Comandante Departamental de la Policía reunirse con los líderes de Resistencia Juvenil Cochala (RJC) para “agradecer” su papel en el conflicto poselectoral y decirles que no se van a permitir milicias en el país.

“Le he dado instrucciones al Comandante Departamental de la Policía para que busque a sus líderes (...) y les diga que Cochabamba está muy agradecida con el trabajo que han hecho (...), pero es importantísimo que seamos claros con esto: no podemos permitir violencia de ningún lado. Esa gente ha sido muy útil para Cochabamba, ha defendido a los cochabambinos, pero basta”, dijo ayer en conferencia de prensa en esta ciudad.




Garantizó que el Gobierno no permitirá el surgimiento de milicias, ni que haya gente que crea que tiene el derecho de convertirse en un grupo irregular.

Añadió que si Resistencia quiere convertirse en un “grupo de seguridad” debe presentar sus documentos ante el Ministerio de Gobierno, donde se analizará si cumple con todas las condiciones para autorizar el pedido.  También puede ser una asociación de motoqueros, “pero sin violencia y sin estar sobresaltando a la gente”.



VIDEO
Sobre el video que circuló la semana pasada, en redes sociales, donde miembros de la Resistencia, cubiertos con barbijos negros, desalojan a personas que se encontraban en la plazuela de Cala Cala, Murillo dijo que esa grabación "pareciera que es armada" por un sector con otros intereses. Hizo notar que no hay ninguna denuncia formal ante la Fiscalía sobre ese hecho.

"No hay una  prueba clara de ello, es algo muy confuso, parece armado. Estoy haciendo investigar por Inteligencia, hemos revisado los videos, los filman desde el frente y parece preparado por gente que tenía intereses en el tema de la terminal. Voy a llegar al fondo de esto y cuando tengamos claridad sobre el tema lo vamos a decir”.



Manifestó que es importante que haya denuncias claras ante la Fiscalía y aseguró que si se las hacen llegar les hará seguimiento.

Fue muy enfático al señalar que “no se permite racismo, discriminación ni milicias de ningún lado” y que se iniciarán acciones contra quienes ejerzan violencia porque el país debe reconciliarse.


Respecto al ataque denunciado por Resistencia contra contra uno de sus líderes, Murillo dijo que ese caso también está en investigación. “La violencia trae violencia y nuestra obligación como Ministerio de Gobierno, y se lo he dicho a Comandante de la Policía, es investigar y parar”.

Hace días, el expresidente Evo Morales llamó a formar milicias armadas en el país. Aunque poco después se retractó, su declaración generó repudio generalizado incluso dentro de su partido.



Fuente:  https://www.opinion.com.bo/articulo/cochabamba/murillo-instruye-policia-frenar-acciones-resistencia/20200121003256746939.html

domingo, 17 de noviembre de 2019

El odio al indio

¿Сómo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llevándola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo? 
 
Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen.

Sus cánticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.

En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4x4 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman "collas", que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que "hay que matar collas", y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio.

En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremacía racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballería- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de béisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego. La mujer es su víctima preferida; agarran a una alcaldesa de una población campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello, la amenazan con lincharla, y cuando se dan cuenta de que son filmadas deciden echarle pintura roja simbolizando lo que harán con su sangre.

  Paramilitares en Cochabamba sembraron terror
 

 

El odio racial es el lenguaje político de esta clase media tradicional. De nada sirven sus títulos académicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo.

En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero también las desprecian. Más tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con él, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera indígena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este símbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en él.

El odio racial es el lenguaje político de esta clase media tradicional. De nada sirven sus títulos académicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es más fuerte y parece adherida al lenguaje espontáneo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.

Todo explotó el domingo 20, cuando Evo Morales ganó las elecciones con más de 10 puntos de distancia sobre el segundo, pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos. Fue la señal que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas: desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas políticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. 

Evo había ganado nuevamente pero ya no tenía el 60% del electorado; estaba más débil y había que ir sobre él. El perdedor no reconoció su derrota. La OEA habló de "elecciones limpias" pero de una victoria menguada y pidió segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constitución, que establece que si un candidato tiene más del 40% de los votos y más de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo.  

Y la clase media se lanzó a la cacería de los indios. En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 órganos electorales, incluidas papeletas de sufragio. La ciudad de Santa Cruz decretó un paro cívico que articuló a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramificándose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. Y entonces se desató el terror.

Para proteger al indio se requería decreto. Para reprimir y matar indios sólo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba.  


Bandas paramilitares comenzaron a asediar instituciones, quemar sedes sindicales, a incendiar los domicilios de candidatos y líderes políticos del partido de gobierno. Hasta el propio domicilio privado del presidente fue saqueado; en otros lugares las familias, incluidos hijos, fueron secuestrados y amenazados de ser flagelados y quemados si su padre ministro o dirigente sindical no renunciaba a su cargo. Se había desatado una dilatada noche de cuchillos largos, y el fascismo asomaba las orejas.

Cuando las fuerzas populares movilizadas para resistir este golpe civil comenzaron a retomar el control territorial de las ciudades con la presencia de obreros, trabajadores mineros, campesinos, indígenas y pobladores urbanos -y el balance de la correlación de fuerzas se estaba inclinando hacia el lado de las fuerzas populares- vino el motín policial.




Los policías habían mostrado durante semanas una gran indolencia e ineptitud para proteger a la gente humilde cuando era golpeada y perseguida por bandas fascistoides. Pero a partir del viernes, con el desconocimiento del mando civil, muchos de ellos mostraron una extraordinaria habilidad para agredir, detener, torturar y matar a manifestantes populares. 

Claro, antes había que contener a los hijos de la clase media y, supuestamente, no tenían capacidad; sin embargo ahora, que se trataba de reprimir a indios revoltosos, el despliegue, la prepotencia y la saña represiva fueron monumentales

Lo mismo sucedió con las Fuerzas Armadas. Durante toda nuestra gestión de gobierno nunca permitimos que salieran a reprimir las manifestaciones civiles, ni siquiera durante el primer golpe de Estado cívico del 2008. Y ahora, en plena convulsión y sin que nosotros les preguntáramos nada, plantearon que no tenían elementos antidisturbios, que apenas tenían 8 balas por integrante y que para que se hagan presentes en la calle de manera disuasiva se requería un decreto presidencial. 

 Militares usan armamento letal contra manifestantes indígenas

No obstante, no dudaron en pedir/imponer al presidente Evo su renuncia rompiendo el orden constitucional. Hicieron lo posible para intentar secuestrarlo cuando se dirigía y estaba en el Chapare; y cuando se consumó el golpe salieron a las calles a disparar miles de balas, a militarizar las ciudades, asesinar a campesinos. Y todo ello sin ningún decreto presidencial. Para proteger al indio se requería decreto. Para reprimir y matar indios sólo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba. Y en sólo 5 días ya hay más de 18 muertos, 120 heridos de bala. Por supuesto, todos ellos indígenas.

La pregunta que todos debemos responder es ¿cómo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llevándola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo? ¿Cómo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la policía y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistización, de esta regresión estatal y degeneración moral?

Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.

Así, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualación y distribución de riquezas.  


Los últimos 14 años de gobierno de los movimientos sociales han tenido como principal característica el proceso de igualación social, la reducción abrupta de la extrema pobreza (de 38 al 15%), la ampliación de derechos para todos (acceso universal a la salud, a educación y a protección social), la indianización del Estado (más del 50% de los funcionarios de la administración pública tienen una identidad indígena, nueva narrativa nacional en torno al tronco indígena), la reducción de las desigualdades económicas (caída de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres); es decir, la sistemática democratización de la riqueza, del acceso a los bienes públicos, a las oportunidades y al poder estatal. La economía ha crecido de 9.000 millones de dólares a 42.000, ampliándose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral.

Pero esto dio lugar a que en una década el porcentaje de personas de la llamada "clase media", medida en ingresos, haya pasado del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, indígenas. Se trata de un proceso de democratización de los bienes sociales mediante la construcción de igualdad material pero que, inevitablemente, ha llevado a una rápida devaluación de los capitales económicos, educativos y políticos poseídos por las clases medias tradicionales. Si antes un apellido notable o el monopolio de los saberes legítimos o el conjunto de vínculos parentales propios de las clases medias tradicionales les permitía acceder a puestos en la administración pública, obtener créditos, licitaciones de obras o becas, hoy la cantidad de personas que pugnan por el mismo puesto u oportunidad no sólo se ha duplicado -reduciendo a la mitad las posibilidades de acceder a esos bienes- sino que, además, los "arribistas", la nueva clase media de origen popular indígena, tiene un conjunto de nuevos capitales (idioma indígena, vínculos sindicales) de mayor valor y reconocimiento estatal para pugnar por los bienes públicos disponibles.

Se trata, por tanto, de un desplome de lo que era una característica de la sociedad colonial: la etnicidad como capital, es decir, del fundamento imaginado de la superioridad histórica de la clase media por sobre las clases subalternas porque aquí, en Bolivia, la clase social sólo es comprensible y se visibiliza bajo la forma de jerarquías raciales. 

El que los hijos de esta clase media hayan sido la fuerza de choque de la insurgencia reaccionaria es el grito violento de una nueva generación que ve cómo la herencia del apellido y la piel se desvanece ante la fuerza de la democratización de bienes. 

Así, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualación y distribución de riquezas. Por eso el desborde de odio, el derroche de violencia; porque la supremacía racial es algo que no se racionaliza, se vive como impulso primario del cuerpo, como tatuaje de la historia colonial en la piel. De ahí que el fascismo no sólo sea la expresión de una revolución fallida sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una democratización material alcanzada.

Por ello no sorprende que mientras los indios recogen los cuerpos de alrededor de una veintena de muertos asesinados a bala, sus victimarios materiales y morales narran que lo han hecho para salvaguardar la democracia. Pero en realidad saben que lo que han hecho es proteger el privilegio de casta y apellido.

El odio racial solo puede destruir; no es un horizonte, no es más que una primitiva venganza de una clase histórica y moralmente decadente que demuestra que, detrás de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista.

Álvaro García Linera, vicepresidente dimitido de Bolivia